Calles adoquinadas, muros de cantera, plazas, jardines, templos barrocos, casonas neoclásicas, terrazas, balcones, fachadas coloridas y, al centro, una imponente parroquia neogótica. En pocas palabras, San Miguel de Allende es el museo más grande y mejor cuidado de México. Y lo es no sólo por su magnífico y bien conservado patrimonio, sino también por lo que hay dentro de éste: pinturas, esculturas, antigüedades, entre otras expresiones artísticas y artesanales que revelan una riqueza cultural sin par. San Miguel de Allende condensa, con brío y esplendor, la historia y la cultura del centro de México. Así, el viajero que visita esta ciudad no sólo admira su arquitectura, sino que, gracias a las distintas actividades que ofrece y a sus excelentes servicios, el visitante disfruta sintiéndose parte de la ciudad. Y lo hace con toda la razón: como cualquier lugar que fue construido para presumirse, los visitantes son parte esencial de San Miguel de Allende.

Patrimonio Cultural de la Humanidad

Parroquia_Luna_SMAUbicada entre Guanajuato y Zacatecas –en plena Ruta de la Plata–, la ciudad de San Miguel de Allende es un lugar con un patrimonio excepcional. Numerosos edificios religiosos y civiles son obras maestras del estilo de transición entre el barroco y el neoclásico, además de expresar el mestizaje entre la cultura española, la criolla y la indígena. El nombramiento de Patrimonio Mundial por la Unesco (concedido en el 2008) comprende, además del centro histórico de la ciudad, el Santuario de Jesús Nazareno de Atotonilco. Construido por los jesuitas a menos de 15 kilómetros de San Miguel, este santuario del siglo XVIII es uno de los ejemplos más hermosos de la arquitectura y el arte barroco de la época virreinal. El templo y sus pequeñas capillas están ornamentadas con óleos de Juan Rodríguez Juárez y frescos de Miguel Antonio Martínez de Pocasangre.

Colorful Steet,  San Miguel de Allende, Guanajuato, MexicoDesde su fundación –a mediados del siglo XVI–, San Miguel ha gozado de una prosperidad que resulta admirable no tanto por la riqueza que ha acumulado como por la forma en la que la ha administrado. El centro, compacto y grandioso, histórico y perfectamente bien conservado, guarda para cada viajero un recorrido extraordinario.

Recorre San Miguel de día y de noche. Durante el día camina por las calles, entra a las casonas, ve de compras, descansa en las plazas. Por la tarde disfruta del variado e intenso programa cultural y por la noche vive, en alguna terraza o en algún bar, la excitante vida nocturna.

Disfruta a cada paso de una ciudad tan interesante como placentera.